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Por: María Elena Salazar
Es frecuente encontrar en los medios de comunicación sucesos que narran episodios de agresión entre las parejas que, incluso, pueden derivar en la muerte. Un ejemplo de esto lo muestra el caso del asesinato de Emily Neyra quien recibió repetidas cuchilladas por parte de su esposo, que le causaron la muerte.
Pero lo impactante del hecho resulta ser la nota que el esposo publica en redes sociales, en la cual se leía lo siguiente: “Te quiero Emily. Gracias por darme tres hijos maravillosos”. Dos días después de publicarlo la acuchilla hasta matarla.
Esta contradicción lleva a plantear la siguientes interrogantes: ¿Por qué algo que inicia como un vínculo construido desde el amor termina en agresión mortal? ¿Por qué resulta tan difícil separarse de la pareja cuando las emociones que prevalecen son la agresión y el odio? ¿Cómo se construye una relación de pareja
Se puede pensar que todo inicia cuando dos personas deciden establecer una relación de pareja formal. Sin embargo diversos autores (Kernberg, Klein), declaran que la primer relación que un sujeto tiene es la que se da entre el recién nacido y su madre. En esta relación, el bebé puede llegar a sentirse reconfortado por esa mamá que le proporciona cuidados físicos adecuados, alimentación oportuna, contacto físico.
Pero igualmente puede suceder que la experiencia del bebé sea de recibir cuidados deficientes que le generen afectos displacenteros. Es decir, poco placenteros.
De estas primeras experiencias derivadas del vínculo con la madre, el niño va internalizando –guarda en su interior–, las distintas conductas y actitudes de la madre hacia él. Lo que lo lleva a internalizar a una madre buena que lo gratifica y a una madre mala que frustra sus necesidades. Es a partir de estas representaciones internas que el sujeto va construyendo su personalidad y la posibilidad de una independencia con una identidad propia.
Este modelo de relación que se tiene en la primera infancia y que fue nutrido o modificado por nuevas relaciones durante el desarrollo, es el que el sujeto va a desplegar en las relaciones de pareja a lo largo de su vida (Velasco 2004).
El mejor ejemplo es el de una mujer que de niña es abandonada por la madre y que, por ello, queda al cuidado de su padre. Un hombre amargado y brusco en el trato con su hija, a la que le exigía “sacar buenas calificaciones en la escuela” y de la abuela materna; una mujer exigente y muy rígida que demandaba de la niña ayudar en los quehaceres de la casa.
Derivado de estas relaciones tempranas, la niña desarrolla –entre otras representaciones–, la identidad de alguien que puede ser abandonado en cualquier momento y que además tiene que cumplir las exigencias y necesidades de otros sin pensar en las propias.
Con estos rasgos de personalidad la niña del ejemplo, ya convertida en mujer, deposita en su relación de pareja las imágenes del padre brusco y de la abuela exigente. Entonces descubre súbitamente que ella está viviendo una relación de pareja en donde se siente igualmente exigida por su pareja y a quien trata de complacer para no ser abandonada por su esposo, como en su momento lo fue por su madre.
Por su parte el esposo –como depositario del rol de hombre exigente y abandonador–, tiene dos disyuntivas:
- Actuar conforme al rol predeterminado para exigir que su pareja cumpla las tareas que como esposa le asigna el mismo rol, ya que de lo contrario puede abandonarla.
- Y no aceptar ese rol y comportarse de acuerdo con las expectativas que él tenga sobre la relación de pareja.
Las expectativas de la relación de pareja del esposo van a depender de sus propias identificaciones y rasgos de personalidad. Si el desempeño de los roles asignados por la esposa satisface sus propios roles de hombre exigente y los de la esposa tratando de cumplir dichas exigencias para no ser abandonada, entonces se fortalece el lazo que los mantiene unidos por la ganancia secundaria que ambos obtienen cuando logran alimentar de manera inconsciente dichos roles. La relación puede perdurar aunque en realidad no logren sentirse satisfechos en la relación.
¿Pero qué hace que en la relación de pareja se despliegue la agresión al grado de llegar al asesinato?
En toda relación de pareja —-como en toda interacción entre personas—-, entran en juego diferentes emociones. Un aspecto que se presenta de manera frecuente entre las parejas son los celos y la competencia. Pero la diferencia es lo que se hace con estas emociones.
Meltzer (1994), declara que cuando las emociones no son placenteras —como pueden llegar a ser los celos y la competencia—, el sujeto con algún trastorno emocional busca abolir dichas sensaciones.
Una forma de abolir las emociones no placenteras para una mente trastornada es eliminar a la persona que –según su pensamiento–, provoca dichas emociones. Como en el caso de Emily, a quien el esposo termina por matar.
Los mensajes de afecto que el esposo envió a la madre de sus hijos dos días antes de matarla –aunque impactantes–, pueden resultar ciertos. Por un lado, él pudo estar sintiendo amor y agradecimiento por su esposa y por el otro sentir celos que no pudo tolerar.
Entonces –para su mente enferma–, una forma de abolir los celos pudo ser matar a la persona que provoca el sentimiento de celos.
Las relaciones de pareja, como toda interacción humana resulta compleja. Por tanto cada relación tiene su especificidad. Sin embargo se puede decir que para que la relación de pareja se establezca y perdure, es preciso que los integrantes de la pareja encuentren ventajas psicológicas en la relación; ventajas que tienen que ver con la satisfacción de la mayor parte de los deseos inconscientes (Velasco 2004).
Es decir, que los deseos inconscientes sean satisfechos no significa que los deseos conscientes también lo sean.
Una persona puede estar deseando ser amada y reconocida dentro de la relación de pareja pero si las figuras que introyectó en su infancia –como en el ejemplo—-, son figuras que nunca le dieron el reconocimiento, por más que se esforzó, resulta difícil que se pueda relacionar con alguien que si le ofrezca el reconocimiento.
Por ello se vuelve importante no solo cuánto se amen entre la pareja, sino darse cuenta cómo se aman. El cómo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte./ Letra Roja.

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