Ciudad de México.- Si has escuchado hablar de una antigua creencia que dice que los primeros días del mes de cada nuevo año revelarán el comportamiento del clima correspondiente a cada mes del mismo, entonces ya sólo te falta saber que a eso se le llama: Las Cabañuelas.
Con el cambio climático cada vez complica más pronosticar durante qué meses tendremos que sacar los impermeables, antiguamente esta práctica era la manera más común entre la gente del campo de darse una idea sobre la temporada de lluvias.
Aunque cambia dependiendo de cada cultura alrededor del mundo, en México la manera de “leer” las Cabañuelas es sencilla. Primero tienes que otorgarle a cada uno de los primero 12 días de enero el nombre de cada uno de los meses del año, así del 1 al 12 y luego de regreso a partir del 13 hasta el día 24 y observar cómo se comporta cada día y así descubrirán si en febrero hará frío o si en noviembre lloverá.
A partir del 25 se realiza la misma repartición pero se toman dos meses por cada día, así hasta llegar al día 31, al cual se le otorga dos horas del día para cada mes, una por la mañana y otra por la tarde, hasta abarcar las 24.
-La ciencia las desmiente-
Desde el punto de vista científico, las cabañuelas carecen por completo de sentido a la hora de obtener predicciones sobre el tiempo meteorológico, por los siguientes motivos:
Desde luego, los meteorólogos son los más acérrimos detractores de esta práctica pues argumentan que no es posible predecir el clima de un lugar específico sólo a través de la observación debido a que la atmósfera es, en sí, un sistema caótico de variaciones imprevisibles. Es decir, que un nubarrón cargado de lluvia formado a kilómetros de distancia puede arruinar un hermoso día soleado en una granizada en pocos minutos sin que podamos predecirlo.
Para la ciencia, la caprichosa asignación de los meses a cada uno de los días del año nuevo y la estrecha relación que se le achaca a la luna con la meteorología no tienen sustento. Más bien ven a la Cabañuelas como un fenómeno cultural de tradición milenaria muy ligado a la necesidad de predecir el tiempo, o más bien, “desear” el buen tiempo.
Y bueno, también hay que reconocer que el margen de error de La Cabañuelas es muy amplio y que cuando éstas llegan a fallar, el resultado se le achaca siempre a una mejor elección por parte de la naturaleza. Por ejemplo, si no llueve cando debería las abuelas solían decir que se trataba de un “calor sano”. Además, para mediados de año ya era bastante difícil recordar si habíamos previsto que llovería en septiembre.
Aunque la ciencia tiene, como siempre, buenos esos argumentos a su favor, no podemos dejar de hacernos una pregunta simple: ¿entonces cómo funcionaba el mundo antes de que existiesen la meteorología? Sobre todo cuando se calcula que las Cabañuelas son una práctica común entre todas las culturas del mundo que tiene sus raíces hace más de 3 mil 500 años a.C.
Con bases científicas o no, las Cabañuelas han servido de guía para la agricultura durante milenios y siempre serán una excelente manera de disfrutar cada día del Año Nuevo si nos arrojamos a disfrutar cada segundo del sol, el viento, la luna o el misticismo de un día nublado, ¿no lo creen?

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