Al parecer, la defunción de Víctor, cercano a los 65 años de edad, fue producto de su afición a la bebida y su situación vulnerable, ya que pasaba mayor parte de los días en las calles de la mencionada colonia, en compañía de otros compañeros.
Doña Lupita lo trataba con cariño y un día antes le prometió que sería su último día pegado a la botella y al parecer se lo cumplió, ya que hoy a temprana hora comentó que se sentía mal, pero no fue hasta la tarde que cayó fulminado sobre Calle 30, esquina con Ernesto P. Uruchurtu.
Poco a poco se acercaron sus conocidos para tratar de apoyarlo, pero al no responder a sus llamados, determinaron convocar a las unidades médicas, ya que intuían que podría no tratarse de una borrachera más.
Sus compañeros de parrandas lo despidieron con la mirada entristecida, sabían que no volvería a despertar. La gente lo conocía por pasar periodos largos en las calles y en el consumo de bebidas etílicas, decían que no se metía con nadie.
Paramédicos que se dieron cita en el lugar, determinaron que no podían hacer nada por el infortunado, por lo que dejaron el cuerpo bajo custodia de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina (SSC), ante la llegada de los peritos.
Para doña Lupita, Víctor era como un hijo, y cada que pasaba por su negocio ambulante de productos de jarcería la saludaba con el mote de “ma”, ya que se preocupaba por él y por su salud.
Familiares del infortunado llegaron al sitio para identificarlo ante las autoridades y llevar a cabo el respectivo procedimiento.
El cuerpo fue trasladado al anfiteatro de la demarcación para practicar la necropsia de ley antes de entregarlo a sus dolientes y saber si murió a causa del golpe ante la caída o debido a los daños por el alcohol.
Doña Lupita lo trataba con cariño y un día antes le prometió que sería su último día pegado a la botella y al parecer se lo cumplió, ya que hoy a temprana hora comentó que se sentía mal, pero no fue hasta la tarde que cayó fulminado sobre Calle 30, esquina con Ernesto P. Uruchurtu.
Poco a poco se acercaron sus conocidos para tratar de apoyarlo, pero al no responder a sus llamados, determinaron convocar a las unidades médicas, ya que intuían que podría no tratarse de una borrachera más.
Sus compañeros de parrandas lo despidieron con la mirada entristecida, sabían que no volvería a despertar. La gente lo conocía por pasar periodos largos en las calles y en el consumo de bebidas etílicas, decían que no se metía con nadie.
Paramédicos que se dieron cita en el lugar, determinaron que no podían hacer nada por el infortunado, por lo que dejaron el cuerpo bajo custodia de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina (SSC), ante la llegada de los peritos.
Para doña Lupita, Víctor era como un hijo, y cada que pasaba por su negocio ambulante de productos de jarcería la saludaba con el mote de “ma”, ya que se preocupaba por él y por su salud.
Familiares del infortunado llegaron al sitio para identificarlo ante las autoridades y llevar a cabo el respectivo procedimiento.
El cuerpo fue trasladado al anfiteatro de la demarcación para practicar la necropsia de ley antes de entregarlo a sus dolientes y saber si murió a causa del golpe ante la caída o debido a los daños por el alcohol.

No hay comentarios:
Publicar un comentario