Los eclipses lunares ocurren cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna llena y proyecta su sombra sobre nuestro satélite. La cual tiene dos regiones, la penumbra, más tenue y difícil de distinguir al principio, y la umbra, mucho más oscura y responsable de la fase parcial.
En el centro de México, la fase penumbral comenzará a las 19:23 horas del 27 de agosto. En Ciudad de México, la Luna estará todavía baja, a unos 8 grados sobre el horizonte Este-Sureste, por lo que hay que buscar un sitio sin edificios, árboles o montañas que bloqueen esa dirección.
El color aparece porque parte de la luz solar atraviesa la atmósfera terrestre antes de alcanzar la Luna. Puesto que las moléculas de la atmósfera no logran dispersar tan fácil las ondas rojizas, éstas logran atravesarla y son refractadas hacia el interior de la sombra terrestre.
El tono exacto no puede predecirse pues depende de la cantidad de polvo, aerosoles, nubes y partículas suspendidas en la atmósfera. Por eso, algunos eclipses adquieren un rojo oscuro y profundo, mientras otros muestran colores más brillantes, cobrizos o incluso ligeramente anaranjados.
El fenómeno será visible desde gran parte de América, además del Pacífico oriental, Europa y África. Los horarios anteriores corresponden al centro de México (UTC−6); debemos recordar que en otra zona horaria habrá que convertirlos a la hora local.
Lo más maravilloso es que para observarlo no se necesitan filtros, gafas especiales ni telescopios. A diferencia de un eclipse solar, mirar directamente un eclipse lunar es completamente seguro. Bastará con salir a un lugar con buena vista del cielo.
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