En los sombríos corredores del Hospital Juárez en México, se susurra la historia de una enfermera llamada Eulalia, más conocida como “La Planchada”. Eulalia era una enfermera entregada a su labor, cuyo corazón fue cautivado por un médico de nombre Joaquín. Al descubrir que Joaquín había contraído matrimonio con otra mujer, el corazón de Eulalia se despedazó y su desempeño laboral se vio afectado, lo que resultó en la muerte de algunos pacientes. Consumida por la culpa, Eulalia falleció poco después. Sin embargo, su espíritu parece haberse quedado en el hospital, atendiendo a los pacientes en momentos críticos, como si buscara redimirse por sus errores pasados.
Existen numerosos testimonios de encuentros con “La Planchada”. Muchos pacientes hospitalizados afirman haber sido atendidos por una enfermera rubia y amable en momentos críticos de sus enfermedades. Algunos dicen que les administró medicamentos, otros que les colocó sueros, y otros más afirman que la enfermera los consoló en sus momentos de angustia. Estos testimonios provienen no solo del Hospital Juárez, sino también de otros hospitales de toda la República Mexicana.
Aquí te presento un relato…
Una vez tuve una paciente en el ISSSTE HgTacuba, la programé para una cirugía del hombro. Llegué primero al quirófano y pregunté por qué no la traían del piso (hospitalización) y me informaron que la paciente no quería operarse. Fui a verla y le pregunté qué había pasado. Me contó que una mujer, enfermera o doctora, la tocó en el hombro y le dijo: “ESTÁS CURADA. NO NECESITAS LA CIRUGÍA”. Me quedé sorprendido. La revisé y efectivamente ya no le dolía el hombro y tenía todos los arcos de movilidad completos y sin dolor.Otra vez, mi ex estaba muy mal en el ISSSTE Darío Fernández. Un médico llegó en la noche a curarlo; él estaba realmente mal de salud ya que le habían detectado un tumor o quiste en el estómago que le estaba afectando el hígado y sufría de dolores muy fuertes. Después de una semana en el hospital, al día siguiente él estaba muy mejorado, como si nunca hubiera estado enfermo y le dieron de alta.
En el asombro de los médicos y enfermeras, un joven que también estaba internado frente a la cama de mi ex contó que un doctor alto con una bata muy blanca que iluminaba el cuarto llegó hasta la cama de mi ex y empezaron a platicar como si ya se conocieran. Lo que alcanzó a escuchar fue que él tenía esta última oportunidad y que ya sabía qué tenía que hacer. Y así sin más se fue, y cuando el joven miró a mi ex, él estaba bien dormido cuando hacía menos de un minuto lo había oído platicar con el doctor. La sorpresa fue en la mañana cuando los médicos fueron a hacer su rondín (o no sé cómo se le dice), él estaba bien mejorado y nadie podía creer lo que sucedió. ¿Quién sería? Quién sabe. Pero hasta la fecha mi ex sigue sin enfermedad. Y así como esa historia me han sucedido varias.
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